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Escapades

Pals, un viaje a la Edad Media entre arrozales y mar

Hay pueblos que parecen hechos para pasearlos sin prisas. 
Pals, en el Baix Empordà, es uno de ellos. 

Situado en plena provincia de Girona y a pocos kilómetros de la Costa Brava, Pals es uno de esos lugares donde caminar por sus calles es como hacer un pequeño viaje al pasado. 

 

Su núcleo histórico, construido en piedra y perfectamente conservado, se encuentra sobre una colina desde la que se domina una extensa llanura de campos y arrozales.


Un paseo por la historia


La mejor manera de descubrir Pals es olvidarse del coche y comenzar a caminar por su recinto medieval. Sus calles estrechas y empedradas, los arcos, las casas de piedra y las pequeñas plazas hacen que cada rincón tenga algo especial.


Uno de los símbolos del pueblo es la Torre de les Hores, una        torre románica circular de los siglos XI-XII y uno de los pocos vestigios que quedan del antiguo castillo. Tiene unos 15 metros de altura y es probablemente la imagen más reconocible de Pals. 


Durante el paseo también encontraremos la iglesia de Sant Pere, la Plaça Major, las antiguas murallas y restos de sepulturas antropomórficas excavadas en la piedra.

 

El recorrido termina en uno de los lugares más bonitos: el Mirador Josep Pla, desde donde se contempla la llanura del Empordà, el macizo del Montgrí y, en la distancia, las Illes Medes.

 
El paisaje del arroz


Pals no termina en sus calles medievales. A su alrededor se extiende un paisaje de campos de arroz que forma parte de la identidad de la localidad.
 

El arroz de Pals tiene una textura característica y, según la información turística del municipio, su cultivo y las condiciones climáticas de la zona contribuyen a que sea un arroz consistente que aguanta muy bien la cocción. 
 

Por eso, si visitamos Pals, hay algo que no deberíamos hacer: marcharnos sin probar su famoso arroz de Pals a la cazuela. 


¿Dónde comer?


La gastronomía es otro de los motivos para acercarse hasta Pals. Además del arroz, la cocina del Empordà permite disfrutar de productos del mar y de la montaña, pescados, mariscos, carnes y productos tradicionales de la comarca. 


Entre los productos típicos también encontramos la gamba de Palamós, la butifarra dulce y los buñuelos del Empordà.


Entre las opciones para comer encontramos establecimientos como El Pedró, en pleno núcleo de Pals, Antic Casino, una alternativa de cocina mediterránea, o Ca la Teresa, de cocina catalana y con precios más moderados. 


También hay propuestas gastronómicas de mayor nivel, como Vicus, para quienes quieran convertir la escapada en una experiencia más gastronómica.  
Y si tenemos tiempo...


A pocos kilómetros podemos completar la escapada acercándonos a la Platja de Pals, una extensa playa de arena dorada que permite cambiar en pocos minutos las calles medievales por el paisaje mediterráneo. 


Desde la costa también pueden disfrutarse las vistas hacia las Illes Medes. 
Otra buena opción es recorrer los caminos que atraviesan los arrozales, a pie o en bicicleta, y descubrir así una cara mucho más tranquila y rural del Empordà.


Una escapada para disfrutar sin prisas


Pals reúne en muy poco espacio historia, paisaje y gastronomía. Se puede visitar en una mañana, pero lo ideal es dedicarle prácticamente todo el día: pasear por el casco antiguo, disfrutar de las vistas desde el Mirador Josep Pla, sentarse a comer un buen arroz y, si el tiempo acompaña, terminar la jornada junto al mar.


Pals es de esos lugares a los que uno va para conocer un pueblo… y acaba llevándose todo un paisaje en la memoria. 
 

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